El regreso a Telde y el peso del pasado
Edita Inforcasa Colección Canarias 7 (1989)
Continúa esta serie de publicaciones en la que comparto una selección de los pasajes más significativos del libro La verdad sobre el Corredera, de Alfonso Calzada Fiol. En este octavo entresacado, el relato se adentra en la dura realidad de la posguerra en Canarias y en el regreso de Juan García "El Corredera" a Telde, un momento marcado por la esperanza de recuperar una vida normal y por la persistencia de un pasado que seguía proyectando su sombra. Un nuevo fragmento para acercarse, paso a paso, a una historia real que merece ser conocida.
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La guerra había terminado y el ambiente denotaba una tranquilidad aparente. La isla rodeada, ha tenido desde ametralladoras, con fuerzas del Ejército destacadas en Agaete, Guía, Telde, Agüimes y Maspalomas. Se temía que la flota norteamericana atacara las Islas. España estaba sola y los alimentos eran escasos y de baja calidad. Se pasó por terribles calamidades, se siguió con la cartilla de racionamiento que dio lugar a infinitas especulaciones, vendiendo los menos pudientes sus raciones. La clase humilde tuvo que recurrir al gofio, que se hizo indispensable para todas las comidas. Los canarios se vieron precisados de endulzar la malta con azúcar morena, comer pan negro y lo poco que daba la agricultura insular. Así estaba la situación, cuando se habían pasado unos años desde la Victoria de los nacionales. Alemania ya no podía ayudar, Italia estaba totalmente hundida y España fue muy cotizada a nivel mundial.
Desde las estaciones ferroviarias de las capitales peninsulares, eran trasladados masas ingentes de presos que recorrían la geografía hispánica en fríos y malholiente vagones. El desfile de treinta o cuarenta personas con el pelo rapado, esposado unos a otros y custodiados por la Guardia Civil, se hizo habitual. Apenas si alguien reparaba en el triste sino de aquellos hombres, cuando atravesaban las calles de la ciudades. Los “maquis” actuaban especialmente en Galicia. Se estaba gestando la creación y la entrada en vigor de la ley de “Bandidaje y Terrorismo” de 1943.
Regreso a Telde
Juan García, “Juan el maestro” seguía trabajando en la fábrica. Un día apareció por el Rincón un hombre vestido de oscuro qué preguntó en la portería si allí trabajaba “El Corredera”. Nadie le conocía por el apodo familiar. Se le contestó que en la empresa no figuraba en ninguno que se llamara así. Desconfiado, repitió la visita. A Juan le pusieron sobreaviso. Cuando le describieron el que preguntaba por él con tanta insistencia, no tuvo la menor duda que se seguía con la idea en detenerlo.
La realidad era incontrovertible. Decidió tomar precauciones y la ocasión se le presentó de entró cuando en el Muelle Grande, encontró a un moro que estaba dispuesto a cambiarle una pistola “Astra” automática por una machorra. De esta forma se hizo con un arma y su munición.
Llevaba casi siete años ininterrumpidos en la nómina de la empresa de Salazones de Pescado. Su conducta era intachable.
La vida seguía y fue cobrando pujanza a la amparo de la amistad Franco-Perón. El pacto Argentina-España, permite que la carne llegue a las más humildes hogares canarios. Se hacen famosas la rancha y alargadas latas de mantequilla “La Modelo”. Los estudiante desfilaba con traje de deporte por las calles de la ciudad para concentrarse en el futuro Estadio Insular, entonces llamado “Eufemiano Fuentes” “! Franco-Perón!, ¡Franco-Perón!” ¡Si ellos tienen uno nosotros tenemos dos! cantaban entusiasmados los jóvenes estudiantes aludiendo a la O.N.U.
……….
Sobre el mes de junio, se planteaba la cuestión del regreso a su ciudad natal, y después de pensarlo mucho se dice:
-Ya estoy harto. Llevo casi once años fuera de Telde, ¿hasta cuándo voy a estar fuera de mi ambiente? ¡Nadie tiene motivos para perseguirme! Lo único que me puede pasar es que me digan que fui prófugo, y eso hoy no tiene la mayor importancia. ¡yo no lo he dicho mal a nadie!
Hacia el día de San Juan Bautista, Juan García, decide prescindir de apelativo “Juan el Nuestro” para convertirse en el que siempre había sido: “Corredera” que ningún que no era ningún alias porque la familia siempre se la había conocido así.
A mediados de julio de 1947, marcha Juan a Telde.
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Su emoción fue incontenible, cuando al pasar junto a la finca del Marqués del Muni, divisó los siete arcos de piedra del puente tendido sobre el barranco. A la izquierda, las torres gemelas de San Juan y al fondo la bóveda de San Gregorio. Atravesó el puente, quedando el barrio de San Francisco a la derecha de la carretera.
Por su cabeza desfilaron los acontecimientos más importantes de su vida teldense. Sus primeras ilusiones, los sacrificios de su madre para educarle lo mejor posible, y que al menos aprendiera a leer y escribir, tan poco frecuente entre la gente modesta de aquella época: su escapada al Valle, sus correrías por la Plaza y el Parque, o sus idas a la entrada de la carretera a Valsequillo.
……….
Discurría el verano de 1947, y Juan no intentó buscar trabajo tomando en consideración la advertencia que le habían hecho en el Rincón y la Montañeta.
Solía pasar los días en su casa y aprovechaba la ocasión para leer cuentos. Algunas veces, al anochecer, asistía a los bailes que se celebraba en las sociedades de “Los Picachos”, “El Telde” o “La Fraternidad”; en otras salía en dirección a los bares del “Moño” o de Pancho Ascanio, charlando con los amigos de cacería, juegos y agricultura.
Nadie dio importancia a su presencia en Telde. Una noche asistió al baile de “La Fraternidad”, allí se encontró con Pancho Casimiro. Al verlo un concejal del Ayuntamiento llamó a un Guardia Municipal para que lo detuviera, recordando los remotos tiempos de 1936. Cuando trató de hacerlo, fue distraído por un amigo. Este hecho, dio mucho que pensar a “Corredera”.
A pesar de sus años de ausencia, aún seguía latente en la mente de algunos, que era contrario al Régimen.
Juan, desde entonces, tomó mayores precauciones y únicamente se aventuraba a salir de su casa algunas noche. Meditaba constantemente sobre su situación y seguía pensando que por ser prófugo, no podía ocurrirle nada grave, si bien, recordó que tuvo la oportunidad de arreglar su posición cuando el Gobierno le otorgó el perdón a los que siendo contrarios al Régimen, no tenían sus manos manchadas de sangre, según se establecía en el Decreto.
El verano tocaba su fin y Canarias volvía a ser un lugar apetecible.
El barrio de los Llanos de Telde se aprestaba a celebrarse la inminente las fiestas de un santo patrono, San Gregorio Taumaturgo.
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Mi agradecimiento póstumo a Alfonso Calzada Fiol por la valentía de su relato y por la precisión con la que reconstruye estos episodios tan determinantes; su trabajo es una brújula necesaria para entender nuestra historia.
Fdo. Manuel Campos Gómez
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Información de interés:
Análisis según la RAE del término "entresacado".
La palabra entresacado funciona como el participio del verbo entresacar. Según la RAE, este verbo transitivo tiene dos acepciones principales:
1. "Sacar algo de entre otra cosa": Es el sentido que le damos en las publicaciones de nuestro blog en el texto, refiriéndote a extraer fragmentos específicos de un libro.
2."Aclarar un monte, cortando algunos árboles, o espaciar las plantas que han nacido muy juntas": También se usa mucho en peluquería (entresacar el cabello para quitar volumen).
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