Una mirada al pasado: el juicio que marcó un trágico destino
La verdad sobre el corredera por Alfonso Calzada Fiol
Edita Inforcasa. Colección Canarias 7 (1989)
Nos adentramos en una nueva entrega basada en la obra La verdad sobre el Corredera de Alfonso Calzada Fiol. En esta ocasión, compartimos el quinto entresacado de una serie de publicaciones con las que recuperamos pasajes clave de nuestra historia regional; un viaje cronológico que continuará en próximos textos para arrojar luz sobre los acontecimientos más sobrecogedores de la época.
Una mirada al pasado: el juicio que marcó un trágico destino
Este capítulo nos traslada al Cuartel de San Francisco, escenario de un tenso e histórico Consejo de Guerra que mantuvo en vilo a la sociedad de Las Palmas. El texto relata el juicio sumario contra destacadas figuras políticas del norte de la isla y sus allegados, acusados de oponerse al alzamiento militar en defensa de la legalidad que consideraban vigente. A través de una narrativa conmovedora, se desgrana la desesperada estrategia de la defensa, que apeló a la confusión de las primeras horas del golpe, a la falta de comunicaciones y a la clemencia humanitaria para intentar salvar las vidas de los procesados.
El relato alcanza su punto más álgido al recoger los patéticos testimonios finales de los acusados, quienes defendieron su honor e integridad familiar antes de que el tribunal se retirara a deliberar de madrugada. El desenlace, marcado por la crudeza de la época, culmina de forma dramática en los campos de tiro de La Isleta, donde el trágico destino de los líderes políticos quedó sellado definitivamente a pesar de las desesperadas peticiones de indulto.
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Quinto de los “entresacados”
Consejo de Guerra contra Egea y Suárez Morales
El Consejo de Guerra celebrado en el Cuartel de San Francisco, contra Egea, Suárez Morales, Delgado y Herminia Santos, esposa de Egea, se publicó con grandes caracteres en la prensa de Las Palmas.
El representante del Ministerio Fiscal, D. Lorenzo Martínez Fuset, solicitó la pena de muerte para Fernando Egea y Eduardo Suárez Morales, Delegado Gubernativo del Norte de la isla el primero y Diputado por el Partido Comunista el segundo. Para la mujer de Egea y para Fernando Delgado, la pena de reclusión perpetua.
La defensa, ostentada por el Capitán de Infantería del entonces Regimiento nº. 39, hizo todo lo que estuvo en sus manos para salvar la vida de los dos primeros y paliar la condena de pedida para los segundos.
Comenzó diciendo que se adhería Ministerio Fiscal en lo que al Movimiento Salvador de España se refería, solidarizándose con él. Añadió que Gea y Suárez Morales no se creían en la obligación de acatar las órdenes contrarias a un Gobierno para ellos legalmente constituido. “Ellos, dijo, defendían los derechos de una autoridad aún en vigor, máxime cuando recibían noticias de Madrid, de un Gobierno que dice que está constituido e inmediatamente, cumpliendo con su deber, dan orden a los Alcaldes para que detengan a todos los elementos que se dice contrarios al Gobierno legítimo, orden de detener a los que se intitulan fascistas y como tales peligrosos para el régimen que los procesados defienden.
Tratan de comunicar con el Gobierno Civil de Las Palmas desde el norte de la isla, donde se encuentran, y no lo consiguen por falta de comunicaciones. A las seis de la mañana del 18 de julio le dicen que el movimiento es fascista, y Egea envía a su mujer en una lancha hasta el Puerto de Las Nieves, en Agaete, para que se entere de las últimas noticias. La esposa no puede desembarcar, por estar en el puerto tomado militarmente, y decide regresar al punto de partida. Cuando comunica a los procesados que el movimiento es auténticamente militar, tratan de huir.”
“Suárez marchó a Arucas para cumplir con lo que creía que era su deber, y da las órdenes oportunas para oponerse a unos individuos que por todo uniforme llevaban una gorra, y que ellos no sabían oficialmente se habían sido autorizados para luchar en las filas del Ejército”
“En Guía de Gran Canaria, manifestó el defensor, hay dinamita por todas partes. ¿Quién la ha llevado allí? Egea desde luego no, ya que no había llegado a ella ciudad norteña. El pueblo que no tenía jefe, sigue su ruta y llega Arucas, igualmente levantada en armas contra el alzamiento. Se encuentra el Ayuntamiento infectado de dinamita y volar los puentes que él no había ordenado”
“¿Es responsable Egea de estas voladuras y desmanes? ¡Francamente no! Se cometen desmanes pero en su ausencia. Vuelve a Guía y no consigue imponer el orden. Más tarde cae en su poder unas octavillas arrojada desde un avión, que le demuestran que el movimiento es militar y entonces aconseja deponer las armas. Y ¿por qué no se presentó a las autoridades? yo os contesto, dijo el defensor, por temor, porque peligraba su seguridad personal."
“A la mujer de Egea solo se le acusa de seguir a su marido, y a Delgado, como mero acompañante de Egea. Nadie le acusa. El solo hecho de acompañar a una autoridad, quien como él representa otra, no es delito. Se la acusa de llevar una pistola. Una persona más lo afirma, y yo pregunto: ¿no serán venganzas o redecillas personales?”
Emotiva son las últimas palabras del Capitán Bañolas Passano, cuando manifiesta que: “quisiera tener dotes brillantes de orador para hacer la defensa en tonos cálidos. Dispensadme, dice, si no lo puedo hacer mejor: Digo cuanto sé y cuanto siento.”
Luego se dirige al Tribunal Militar:
“Señores del Consejo: hay que recordar que esta señora lleva un fruto que van a ser muy pronto; que el movimiento se hizo para dar a España una era de paz, de honor, de prosperidad; que el General Franco había hecho dicho al iniciar el movimiento que se abrieran los brazos y se estrellaran las manos de aquellos que se rindiesen. Recordar sobre todo las palabras del hombre más perfecto del mundo, que dijo: ¡Perdónalos Dios mío, porque no saben!” Terminó pidiendo la Libre Absolución de todos los procesados.
El Presidente del Consejo preguntó a los procesados si deseaban añadir algo después de lo manifestado por la defensa.
Seguidamente se levanta Egea, que se expresó en términos realmente patéticos:
“Debe tener en cuenta el Tribunal que el informe de la Policía en el que se dice que se me incauté de los fondos de los Sindicatos, no siendo ello cierto. He sacrificado por un ideal mi carrera de farmacéutico, mi hogar, todo lo que tenía y me permito rogar que esa mancha que se me acusa no prospere, para que el día de mañana mi hijo no se avergüence de mí. Pido además, respeto por mi esposa en cuyas entrañas lleva un fruto de nuestra vida.”
Suárez Morales siguió luego:
“El sábado por la mañana, víspera del levantamiento, salí de mi casa de la Atalaya del Norte para ver a mis padres que acababan de perder un hijo y acompañarle en su dolor que también era el mío. En mi vida política no he hecho daño a nadie, y mi único deseo sería tener otra vida para dedicársela a mi compañera y a mis hijitos. Es lo único que tengo que decir”
Nada más asegurar Delgado que no era autor de los hechos que por la rebelión se le imputaban, el Presidente levantó la sesión.
El juicio había cortada de dos sesiones, mañana y tarde.
El tribunal estuvo deliberando hasta la madrugada.
La prensa Las Palmas con ganas y titulares decía:
“Esta mañana a las seis un piquete de Artillería ejecutó en el Campo de Tiro de la Isleta, la sentencia de muerte dictada contra D. Fernando Egea Ramírez y D. Eduardo Suárez Morales.”
Los periódicos seguían comunicando que a las cuatro y media de la día anterior, Fuerzas de la Guardia Civil de Asalto se habían presentado en el Cuartel de Mata al mando de un Capitan de Artillería, procediendo al traslado de los dos condenados en coche celular al Cuartel de Ingenieros, en el Puerto de la Luz. Seguidamente se les comunicó la sentencia, produciendo gran abatimiento moral en ambos. Los condenados se negaron a recibir los auxilios espirituales. Durante la noche estuvieron acompañados por sus esposas, previa autorización de la Autoridad de Guerra. A las dos de la mañana se despidieron de ellas.
Los periódicos seguían informando que numerosos telegramas cursados el día anterior al Gobierno Nacional de Burgos, se pidió el indulto a favor de los reos, pero al no ser frutífero los resultados añadían:
“SON TRASLADADOS AL CAMPO DE EJECUCION. A las cinco y media de la mañana los reos fueron trasladados en automóvil al campo de tiro La Isleta, lugar designado para la ejecución. Les acompañaba el capitán Bañolas.”
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Mi agradecimiento póstumo a Alfonso Calzada Fiol por la valentía de su relato y por la precisión con la que reconstruye estos episodios tan determinantes; su trabajo es una brújula necesaria para entender nuestra historia.
Fdo. Manuel Campos Gómez
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Información de interés:
Análisis según la RAE del término "entresacado".
La palabra entresacado funciona como el participio del verbo entresacar. Según la RAE, este verbo transitivo tiene dos acepciones principales:
1. "Sacar algo de entre otra cosa": Es el sentido que le damos en las publicaciones de nuestro blog en el texto, refiriéndote a extraer fragmentos específicos de un libro.
2."Aclarar un monte, cortando algunos árboles, o espaciar las plantas que han nacido muy juntas": También se usa mucho en peluquería (entresacar el cabello para quitar volumen).
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