Gran Canaria, 1977:
Donde el viento y el asfalto se cruzan
En 1977, Víctor Montelongo Parada plasmó en su obra una radiografía tan alarmante como necesaria sobre el litoral de Gran Canaria, un territorio que ya entonces soportaba una asfixiante presión demográfica e industrial. A través de la mirada analítica del autor, nos adentramos en un ecosistema costero único —el comprendido entre el Barranco de Jinámar y la Punta de Arinaga— donde la riqueza botánica libraba una batalla desigual contra el cemento y la degradación ambiental.
El texto nos guía de forma rigurosa por una llanura de contrastes geológicos azotada por el viento, tradicionalmente agrícola, que en los años setenta vivía una acelerada metamorfosis industrial y urbana. El autor detalla el estado crítico de enclaves emblemáticos como la Península de Tufia —donde la contaminación industrial ya borraba los líquenes de sus yacimientos arqueológicos— o la Península de Gando. En este recorrido, se evidencia la dramática situación de joyas botánicas exclusivas como la Atractylis preauxiana o el Convolvulus caput-medusae, cuyas poblaciones se veían sepultadas por escombros, basuras y obras de infraestructura.
La conclusión del artículo resuena con una vigencia sobrecogedora: ante la inminente desaparición de estas comunidades, se hacía urgente el rescate botánico y la creación de bancos de semillas en instituciones como el Jardín Botánico Canario «Viera y Clavijo». Sin embargo, el autor advierte que los jardines no deben ser museos pasivos, sino que la verdadera salvación radica en la protección legal e inmediata de sus hábitats naturales, antes de que el avance de un tractor borre para siempre un patrimonio irrepetible.
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SITUACIÓN ACTUAL
DE LAS COMUNIDADES COSTERAS DEL SURESTE
DE GRAN CANARIA
Autor: Víctor Montelongo Parada
Jardín Botánico “Viera y Clavijo”
GRAN CANARIA
Editado en Funchal 1977
Entresaco del libro:
La isla de Gran Canaria comenzaba el presente año de 1977, con una población de hecho superior a los 644.000 habitantes, que para sus 1530,77 km2 da una densidad de población algo mayor de 420 habitantes por Km2
BERGASA-GONZÁLEZ VIETEZ, comentaba en su obra “Desarrollo y subdesarrollo en la economía Canaria” publicado en 1969, que Gran Canaria con 320,2 habitantes por Km2
La presión que esta población ejerce sobre los ambientes naturales de la Isla hace de ella un ejemplo diáfano de degradación.
Al hablar de conservación en Macaronesia, nos inclinamos a pensar en laurisilva (hoy desgraciadamente desaparecida en Gran Canaria) o bien en algunos vistosos endemismos.
Con la perspectiva demográfica dada al comienzo de este informe, se expondrán algunos datos sobre las comunidades costeras del SE de Gran Canaria. El tramo de costa estudiado en el correspondiente desde las embocadura del Barranco de Jinámar hasta la Punta de Arinaga (ver mapa). Desde el desde el punto de vista geológico, estos terrenos constituyen una llanura correspondiente al Cuaternario sedimentario marino en Gran Canaria, alterando en algunos puntos por el vulcanismo; así, alternando con playas suaves, zonas de pequeñas dunas y playas fósiles, se encuentran coladas basálticas que forman acantilados costeros. Climatológicamente, es muy árida, alcanzando en algunos puntos un índice de Martonne de 2,9; vientos de valores medios comprendido entre 36 y 16 km/h azotan el continuo de la zona. Tradicionalmente, ha sido dedicada al cultivo del tomate, y en los últimos años se han construido varias urbanizaciones, estando en el momento actual en una fase acelerada de transformación a zona industrial.
En la misma desembocadura del barranco Jinámar correspondiente al único Locus kunkelii, conviven varios e interesantes endemismos, como el Traganum moquinii y Cneorun pulverulentun entre otros. Este enclave está prácticamente arrazado como consecuencia de la realización de obras, extracción de arena para la construcción, etc. En la pequeña montaña al margen derecho aguas arriba, se encuentra orientada al mar la población más representativa de L. kunkelii, que está gravemente amenazada.
Preauxiana ha sido observada únicamente en dos localidades: En su locus classicus en la Península Melenara, donde queda un reducidísimo número en situación muy crítica, por estarse cubriendo con escombros las pocas plantas que quedan; ejemplares de esta especie no vuelven a ser vistas sino la Punta de Arinaga, donde se encuentra una colonia muy localizada, con un número de individuos algo mayor y de mejor vitalidad. Al igual que en Melenara, crecen sobre terrenos calcáreos. La arena que se observa al pie de algunas plantas es solo superficial.
La Península de Gando, punto muy representativo de la zona e intermedio entre la Península de Melenara y la Punta Arinaga, a la que solo es posible el acceso mediante un permiso militar, nos pareció un lugar apropiado para encontrar A. preauxiana, más a pesar de haber rastreado la zona ningún ejemplar fue visto estando presente por el contrario C. caput-medusae y H. fontanesii.
Para C. caput-medusae, el punto más septentrional en que se le encuentra es sobre terrenos calcáreos de la pequeña Península de Tufia, situada a poca distancia al N de Gando. Sobre Tufia es interesante hacer un poco de historia: esta pequeña península es un macizo basáltico con ricos escarpados cayendo al mar; en su cima se encuentran los restos de un poblado aborigen prehispánico, del que JIMENEZ SÁNCHEZ, 1944 describe literalmente: “Estas viviendas, aunque aparecían casi totalmente entullidas, nos presentan sus paredes muy completas y acusando su mucha antigüedad, a juzgar por la gruesa capa de líquenes que cubre las caras exteriores de la piedra ciclópeas” En la actualidad al observar estas mismas piedras la impresión que dan exactamente la contraria: parece que hubiesen sido puestas allí recientemente, siendo difícil encontrar líquenes sobre ellas. La explicación de este hecho habría que buscarla en otro fácilmente palpable, y es que, en Tufia el aire resulta irrespirable, a causa de los gases azufrados emitidos por una industria cercana, situadas en barlovento en la dirección de los vientos dominantes. En alguna que otra piedra de las orientadas al S, podemos ver escasos líquenes malviviendo una superficie de roca que se desmorona. Como afectan estos gases a los otros vegetales de la zona es algo por determinar.
En el tramo que conecta la Península de Tufia con la de Gando, está formado por una playa fósil cuaternaria, en donde se encuentra la colonia más numerosa de C. caput-medusae. El tramo en cuestión se encuentra barrido por la basura y el avance de las construcciones es inexorable. En el barranquillo que limita por la parte S, la pista del aeropuerto de Gando, existía una colonia con ejemplares muy desarrollados creciendo sobre rocas, que en la actualidad, han sido enterrados como consecuencia de las obras que allí se realizan. La población en la mejor estado de esta especie, que se encuentra en la Punta Arinaga, entre el Faro de Arinaga y el Albergue la Sección Femenina, asentada en terrenos que se alteran materiales calcáreos y piroclásticos, recubiertos parcialmente de arena.
Resumiendo, la transformación de la zona es tan profunda y continuada, que con dificultad se puede realizar un estudio de campo sobre la biología de las especies presentes: Ante la evidencia, de que en un futuro próximo, estas comunidades desaparecerán como tales, lo más inmediato resulta rescatar muestras de las poblaciones de las especies más en peligro, logrando su aclimatación en jardines botánicos, paralelamente a la realización de estudios sobre su biología reproductiva, y constitución de un banco de sus semillas, para asegurar su supervivencia. En este sentido el Jardín Botánico Canario “Viera y Clavijo” ha logrado una aceptable colonia de A. preauxiana que se desenvuelve con manifiesta vitalidad.
Para terminar, resta decir que todo lo expuesto no es más que un modesto ensayo de la labor que se podría realizar con las plantas endémicas en peligro, sin que en ningún momento se haya querido dar la impresión de que lo conveniente sea refugiar a las mismas jardines cual muestra de museo, mientras contemplemos pasivamente cómo sus hábitats naturales desaparecen; pero es que hay casos, como el de A. preauxiana en Gran Canaria, cuya desaparición puede ser algo tan simple como el desplazamiento de unos pocos metros de la pala de un tractor.
Es incuestionable quiera paralela a la labor de rescate y estudio, se debe gestionar la adquisición de una mínima superficie representativa del ambiente natural en el que se desenvuelven estas especies y constituirlas como áreas bajo protección.
Lástima sería, que en tanto se transmita la consecución de las áreas protegidas, las especies de mayor interés hubiesen desaparecido.
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Siempre agradecido a Víctor Montelongo Parada por esta valiosa contribución y por la absoluta claridad con la que expuso una realidad tan crucial para nuestro entorno.
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Fdo. Manuel Campos Gómez
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